Pandemia: luchando contra la desinformación

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En estos momentos proliferan los bulos y la desinformación en el ámbito de la salud, en particular sobre el COVID-19. Es importante que los ciudadanos se fíen únicamente de las fuentes autorizadas para obtener información actualizada sobre el brote de COVID-19.

Le sugerimos que siga los consejos de las autoridades sanitarias de su país y los sitios web de la UE y de las organizaciones internacionales pertinentes: la ECDC y la OMS. También puede ayudar evitando compartir información no verificada procedente de fuentes dudosas.

Por su parte, la Comisión Europea ayuda a combatir la desinformación a través de una estrecha cooperación con las plataformas online, animando a promocionar las fuentes autorizadas, a degradar los contenidos que hayan sido verificados y resulten ser falsos o engañosos, y a suprimir los contenidos ilícitos que puedan ser perjudiciales para la salud.

¿Algunas de las historias que circulan te parecen poco fiables? Estos son los hechos:

El número creciente de víctimas en toda Europa demuestra que el COVID-19 es un virus nuevo y peligroso, y no una cepa recurrente de la gripe estacional.

Todas las generaciones de europeos han debido afrontar un gran desafío o amenaza. En nuestro caso, la amenaza se llama COVID-19. Lo que hace del virus una amenaza de tal envergadura es lo contagioso que es y cómo se ceba en los más vulnerables: las personas mayores y las personas con problemas de salud. En todo el mundo se ha reconocido el carácter excepcional del virus; la Organización Mundial de la Salud ha declarado una pandemia. La UE ha respondido poniendo en primer lugar la salud y la seguridad de los ciudadanos, lo que significa trabajar en estrecha colaboración con los Estados miembros para coordinar y compartir la información, además de utilizar todos los instrumentos a su disposición para ralentizar la propagación del virus y encontrar soluciones. Son ejemplos de esta respuesta el hecho de organizar la licitación en toda la UE de equipos de protección individual para los hospitales y los profesionales de la salud, facilitar ayuda financiera a los investigadores y las empresas para desarrollar una vacuna y ayudar a los países a prepararse para afrontar las consecuencias económicas de las medidas tomadas para contener la enfermedad.

No se conoce hoy en día una cura para el coronavirus.

Seguir consejos médicos de fuentes desconocidas o no fiables puede poner en peligro tu salud y privar a otros de medicamentos y material sanitario que para ellos son de vital necesidad. Mucho cuidado con cualquier tipo de tratamiento que no se haya sometido a exhaustivos ensayos, homologado y distribuido de manera general. Si en situación de normalidad no te fiarías… ¡tampoco te fíes ahora!

Únicamente deben aceptarse consejos de fuentes fiables y de confianza: las autoridades nacionales de salud pública, la Organización Mundial de la Salud (OMS) o el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC). Piénsatelo dos veces antes de compartir las informaciones sobre tratamientos que ves en las redes sociales. No dudes en buscar y cotejar informaciones de fuentes de confianza sobre las novedades que van surgiendo. Estamos todos en la misma lucha: no nos dejemos engañar por falsos tratamientos.

La UE quiere trabajar de manera cooperativa y constructiva con sus vecinos, y siempre denunciará la desinformación y sus fuentes.

La desinformación afecta a nuestra capacidad de tomar decisiones correctas. Para ello, muchas veces intenta abrumarnos a base de informaciones contradictorias hasta que no sepamos qué creernos. Las consecuencias pueden ser graves: se pone en peligro la seguridad de las personas, se deteriora la confianza en los gobiernos y los medios de comunicación, se socava la influencia de la Unión en el mundo, etc. En momentos de mucho estrés y emoción somos más vulnerables a la desinformación… y cuando más lo somos, hay gente que utiliza el COVID-19 para atacarnos.

Según nuestros analistas de EUvsDisinfo, se están divulgando falsas informaciones para sembrar la confusión y la desconfianza en torno a la respuesta europea al COVID-19. No es ningún secreto que en parte proceden de Rusia. La mejor respuesta es denunciar las mentiras, identificar a los responsables y, por nuestra parte, decir la verdad cuanto antes y tantas veces como sea posible. La Comisión Europea, el Parlamento Europeo y el SEAE trabajan para identificar y concienciar sobre la desinformación en torno al virus.

No hay ninguna relación entre el coronavirus y la tecnología 5G

La UE tiene las normas de protección del consumidor más estrictas del mundo. Es lo que nos permite ir a una tienda y confiar en los productos que compramos. La 5G se atiene a estas normas extraordinariamente estrictas. De hecho, nuestras normas son aún más rigurosas que las que se derivan de las pruebas científicas. Porque, en la UE, lo primero son las personas.

No hay ninguna relación entre la 5G y el COVID-19. El coronavirus se propaga de persona en persona a través de las gotitas que se expulsan al estornudar, toser o expirar. La 5G es la nueva generación de tecnologías de redes móviles, transmitida a través de ondas radiofónicas no ionizantes. No existen pruebas de que la 5G sea perjudicial para la salud. El brote de coronavirus en la ciudad china de Wuhan no tiene nada que ver con la 5G. Se cree que se originó en un mercado mayorista de mariscos.

Todos estamos expuestos al riesgo de infección por el coronavirus

Si no hacemos caso de las recomendaciones oficiales, ponemos en riesgo tanto a jóvenes como a mayores. Hoy por hoy, no hay vacuna contra el coronavirus. Hoy por hoy, nadie es inmune a la infección. Todo el mundo debe cumplir su papel en la lucha contra el virus. Protege tu propia salud, protege a las personas más vulnerables de nuestra sociedad e impide que los servicios médicos se vean sobrecargados. Lavarte bien las manos y no tocarte la cara son las dos maneras más eficaces de impedir que se propague el coronavirus. La Organización Mundial de la Salud recomienda a las personas de todas las edades que tomen medidas para protegerse del virus; por ejemplo, con una buena higiene respiratoria y de las manos y mediante el autoaislamiento.

Nadie utiliza la crisis del coronavirus como excusa para imponer la vacunación masiva

Por desgracia, todavía no hay vacuna o cura para el coronavirus. La UE ya ha destinado 140 millones de euros a la investigación sobre posibles curas o vacunas. Las vacunas son uno de los mayores éxitos logrados en materia de salud pública. Como mínimo, salvan cada año entre dos y tres millones de vidas en todo el mundo, y a muchas más personas de enfermedades debilitantes e incurables.

La UE defiende activamente que las vacunas funcionan, pero no hay ningún plan de imponer vacunaciones masivas. Aun así, hay mucha gente que difunde informaciones anticientíficas contra las vacunas. Se trata de rumores infundados que se aprovechan de la emoción y el miedo y causan un grave daño a la salud pública.

La UE siempre ha apoyado las inversiones en salud pública de los Estados miembros

La UE apoya una fuerte inversión en salud pública. En Europa, las personas y la salud son lo primero. Es lo que nos distingue de otros muchos lugares del mundo. Hace poco, la UE puso en marcha un plan para apoyar a los países a lo largo de la crisis, relajando las normas para que puedan gastar más en servicios de emergencia. De ese modo, todos nos centramos en lo más importante, que es proteger a las personas.

Pero esto no es nada nuevo. Desde el desplome financiero de 2008, la UE ha introducido muchas iniciativas financieras para apoyar a todos los Estados miembros, sobre todo los más afectados por la crisis, como Grecia, España e Italia. Además de apoyar a las pequeñas empresas e impulsar la investigación y la innovación y los proyectos relacionados con el clima, el Plan de Inversiones ha contribuido a financiar gran número de proyectos en el sector sanitario, tales como el desarrollo de nuevos tratamientos contra el cáncer y la ampliación y modernización de hospitales.

Los países de la UE siguen siendo los mejores socios y están intensificando su solidaridad.

Sería una notable coincidencia que los gobiernos autoritarios con maquinarias de propaganda bien desarrolladas fueran también los mejor equipados para responder a una gran crisis sanitaria… si fuera cierto.

La cuestión es que las instituciones europeas y sus socios están haciendo más por los europeos que ninguna otra parte del mundo. Aunque la UE no tiene voz propia en cuestiones de salud pública, hay muchas otras cosas que sí podemos hacer. Se están utilizando todos los instrumentos de que disponemos para luchar contra el coronavirus: mantener abiertas las fronteras a los suministros, crear un foro para coordinar y compartir experiencias, reunir grandes cantidades de ayuda financiera, médica y de personal, y mucho más.

Una parte importante de todo ello es organizar la respuesta económica: esto permite que los Estados miembros de la UE se centren en las cuestiones de salud pública, mientras nosotros nos dedicamos a trabajar en la respuesta económica. Aquí se incluye la creación del fondo de solidaridad SURE, dotado con 100.000 millones de euros, y los 37.000 millones de la Iniciativa de Inversión en Respuesta al Coronavirus, que proporciona apoyo financiero para luchar contra la crisis a corto plazo. Además, se reasignarán 1.000 millones de euros del presupuesto de la UE para respaldar préstamos destinados a un mínimo de 100.000 pymes y pequeñas empresas de mediana capitalización europeas.

Las instituciones y los países de la UE han hecho más por los europeos que ningún otro país, como trabajar las 24 horas del día todos los días de la semana para incrementar los suministros médicos.

Hemos visto actos de solidaridad notables: los hospitales alemanes que tratan a pacientes italianos, las mascarillas que Francia y Austria envían a los médicos italianos, los países que trabajan mano a mano para llevar de vuelta a casa a las personas y muchos más ejemplos.

Una de las mejores cosas que tiene la UE es la puesta en común de recursos y conocimientos para obtener los mejores resultados. Basándose en esta idea, la UE ha iniciado un proyecto denominado «RescEU». Este proyecto almacenará y gestionará la distribución de material médico vital y lo enviará a las zonas más afectadas. Los virus no saben de fronteras ni de nacionalidades: necesitamos encontrar una respuesta europea a lo que es un problema europeo.

Al invertir juntos más recursos obtendremos mejores resultados y los fabricantes podrán acelerar la producción sabiendo que sus inversiones darán fruto. El presupuesto inicial de la UE para esta reserva es de 80.000 millones de euros. La solidaridad de la UE salva vidas.

La UE está ocupándose de las cosas de las que es responsable: facilitar el paso de suministros esenciales a través de las fronteras, mantener la coordinación y el intercambio de información entre los gobiernos y procurar recursos financieros y conocimientos especializados allá donde se necesitan para que los gobiernos puedan seguir centrándose en lo que importa: la salud pública.

La potestad de aprobar leyes a nivel nacional para combatir el coronavirus reside exclusivamente en los Estados miembros, por lo que la Comisión no tiene competencias para interferir en la legislación y las decisiones de cada país en temas como la salud. Sin embargo, la UE puede elaborar políticas europeas y adoptar iniciativas paneuropeas rápidas y coordinadas para hacer frente a la crisis junto con los Estados miembros. Esto explica, por ejemplo, que la decisión de imponer un confinamiento y cerrar las fronteras del país se tome a nivel nacional, mientras que la movilización de 140 millones de euros de fondos europeos para desarrollar una vacuna, nuevos tratamientos y pruebas de diagnóstico se haga a nivel de la UE.

La UE está reuniendo dinero para que las empresas produzcan las cosas que necesitamos para responder a la crisis: mascarillas, guantes, batas de protección y otros equipos médicos.

Las empresas necesitan saber que, si dedican sus recursos a estos productos, los productos se comprarán. Para ayudarlas a estar seguras de ello, la Comisión lanzó varios procedimientos conjuntos de contratación pública que están funcionado. Las empresas proponen ahora fabricar más mascarillas y gafas, de hecho, más de las que habíamos solicitado al principio. Los equipos estarán a disposición de los médicos, enfermeros y otras personas que los necesiten poco después de que los Estados miembros firmen los contratos.

Schengen es una parte fundamental de nuestra respuesta al coronavirus. Mantiene las fronteras abiertas a los suministros y servicios en todo momento. Las medidas especiales, como la introducción de «carriles verdes», harán posible que todos los vehículos de transporte de mercancías crucen las fronteras interiores del espacio Schengen en 15 minutos.

Algunos Estados miembros de la UE han introducido controles fronterizos temporales para frenar la propagación del coronavirus, pero esto no significa que las fronteras estén cerradas. Los Estados miembros de la UE están trasladando a pacientes de coronavirus de un país a otro para recibir tratamiento, y las mascarillas, las gafas protectoras y otros suministros esenciales cruzan las fronteras sin problema.

A los virus no les importa de dónde eres. No les importa ni el color de tu piel ni tu pasaporte. En distintas partes del mundo, hay personas que tratan de culpar de la enfermedad a ciertos colectivos y se refieren a ella como el virus europeo, el virus chino o el virus estadounidense.

Lo cierto es que se trata de un virus humano. El coronavirus se propaga a través de las gotas minúsculas que generan las personas infectadas cuando estornudan, tosen o respiran y no lo transporta ninguna población o grupo en particular. Garantizamos que quienes afirman que el virus está siendo propagado deliberadamente por los migrantes, o por determinados grupos étnicos, lo hacen sin base científica alguna. De hecho, la enfermedad por coronavirus (COVID-19) es una crisis internacional que requiere una solidaridad mundial.

Fuente: eeas.europa.eu